Los secretos de la soledad

Todo ser humano, pese a nuestra insistencia de exigir compañía, necesitamos dejarnos acoger por la soledad.

Llega un tiempo en el que, por estar rodeados de muchas personas, amigos e inclusive familiares, nos vemos colmados por una atención que nos hace imposible frenar nuestro andar en la vida para que consigamos pensar: “¿Estoy haciendo bien las cosas?”, “¿Estoy haciendo lo que me gusta?”, “¿Estoy cumpliendo mis sueños?”. No estoy diciendo que el tener amigos y seres queridos que acompañen nuestro trayecto esté mal, como han escrito en varios textos: “…el ser humano es un ser social…”; no obstante, todos llegamos a un punto de quiebre, en donde lo más recomendado es recurrir a la soledad.

Si no le prestamos atención a la soledad, y nos obligamos a nosotros mismos a estar en compañía, comenzaran a germinar las discusiones y conflictos.

Cuando los temas de conversación que manejamos con nuestros allegados llegan a su límite, a un punto en el que ya se han puesto todas las cartas sobre la mesa, cuando ya se habló de la vida, el amor, el miedo, las inseguridades, etc. iniciamos con la excavación en los archivos de las  irrelevancias del pasado para conseguir una charla “amena”. ¿Pero  por qué? ¿Por qué no entendemos que llegamos a un punto en el que necesitamos alejarnos, cambiar de perspectiva, de rumbo y que está bien llamar a la soledad?

Es porque nos han criado en una sociedad que necesita este vivir “conectado”, este “tener pareja” y no estar solo, tener con quien compartir nuestros planes y fracasos. Y, aunque a mí me repugna, el mundo es como es y no para de sorprenderme que existan promociones 2×1 en las que o tienes pareja o sino no aplicas.

Yo vivía atado a un paradigma, y era el de “llegar a ser una persona fructífera para aplicar a un buen matrimonio”. Así que pasaba los días cuidando de mi persona, estudiando y aprendiendo temas que me ayudarían a mi desarrollo de “esposo” o de “padre”, siendo sonriente siempre con la gente para no ahuyentar a los prospectos…

No sé si entonces era consciente de ello, pero ahora me resulta obvio que abunda la gente desesperada por llamar la atención. Gente que todos los días reclama su existencia para ser “alguien” y nunca pasar desapercibida, con el simple objetivo de dejar a la soledad a un lado y reemplazarla por una persona. O, al menos, yo caí en esa desesperación sin saberlo.

¿Por qué emparejarnos?

Si lo piensas, si observas a tu alrededor, para cada uno existe alguien. Es un juego de memoria. Ves a un tipo altamente desagradable en todos los aspectos, y por improbable que parezca también él será capaz de encontrar a su media naranja, o eso es lo que nos han dicho. Como si se necesitara a alguien, alguien a quien amar, para disfrutar las peripecias de la vida.

Pero, ¿Por qué existir con el fin de emparejarse? No lo sé. Yo crecí con la idea de que tenía que buscar a alguien que estuviese dispuesto a conciliar un matrimonio conmigo y formar una familia feliz.

El ser humano, al tener interacción con más seres de su especie, comienza a generar cierta dependencia, en la que sus sueños, metas y objetivos comienzan a verse compartidos.̶No digo que haya que ser egoísta y no compartir̶ a lo que voy, es que debemos darnos un espacio para escuchar lo que la soledad tiene que decirnos. Un espacio para conocernos a nosotros mismos, en el cual degustemos y vivamos nuestra propia perspectiva y opinión, sin temor a no encontrar a nadie más que la comparta.

Desde que he descubierto un sinfín de lugares, y me he zambullido en las aventuras disparatadas de la vida, he conocido personas, restaurantes, culturas, paisajes, que han hecho que mi mente se expanda y deje atrás el típico cuadrado, rígido y conservador, de pensamiento que me hacía creer que mi fin en este mundo era mantener la especie emparejándome con alguien. ¡Hay más que eso!

Si no fuese porque tomé la decisión de dejar atrás familia, amistades, amores, nunca hubiese descubierto que dentro de mí existía una divinidad que estaba esperando ser honrada y es, la belleza del derecho al disfrute y goce de la vida. Que soy capaz, que soy una cajita de sorpresas, que tengo talentos y sueños por explotar, y que puedo ser el heroe y, ¿por qué no?, protagonista de mi historia.

La soledad no es mala. No existe tristeza en ella, hay inspiración, meditación, filosofía y arte. La vida guarda tantos secretos y placeres que solo pueden conocerse y disfrutarse en soledad. No te sientas mal por estar solo, pues no lo estás; cuentas con la mejor compañía: tú mismo.

**abraza su almohada y pública la entrada en su blog**

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Acerca de Andy Doxel

Soy un artista, un escritor incauto, modelo frustrado y libre (en el sentido figurado). He escrito poemas y cuentos, acompañados de dibujos e ilustraciones que entre ilusiones y tristezas han nacido de rayos de luz en forma de letras y pintura. Hablo lo que siento y lo que pienso. Me dedico a escribir y lo haré hasta el día que en mi lecho de muerte no logre escurrir más la tinta de mi pluma. Nací un 25 de febrero de 1993 en el país de la eterna primavera, en la tierra de la “blanca paz” en medio del azul del cielo y lo azul del mar, en la ciudad de Guatemala, por lo que llevo ¼ de vida queriendo conquistar el mundo. Como comprenderá, estoy queriendo de ser yo mismo en un mundo que está constantemente tratando de hacerte alguien diferente. Por lo que es un logro si lo consigo.
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