Lo que el viento se llevó – Nubes de kétchup por Annabel Pitcher

El día se me estaba haciendo interminable y la tele no ayudaba. No ponían más que una película antigua detrás de otra. Estoy segura de que habrás oído hablar de Lo que el viento se llevó y a saber si no la habrás visto incluso, y si es que sí, me pregunto si conseguiste aguantar despierto, porque esa película es muy larga…, tan larga que en el tiempo que duró tuve que ir dos veces al cuarto de baño. Al verme revolverme en el sofá, mi madre no paraba de susurrarme: «Tú ten paciencia», como si al final fuera a ver ampliamente recompensado el esfuerzo que estaba haciendo. Me tragué las cuatro horas enteras solo para ver cómo se acaban reconciliando los enamorados, así que te puedes imaginar la decepción que me llevé cuando el tipo que se llamaba Rhett deja plantada a aquella mujer que se llamaba Scarlett y justo se termina la película. Miré a mi madre con cara de está claro—que—la—cosa—no—puede—quedar—así, pero Rhett no volvió y Scarlett no corrió tras él, o sea que era así como acababa la película.

Lo que el viento se llevó fue una decepción aún mayor que La gran evasión (en la que no se evaden), así que le quité a mi madre el mando a distancia y le di con rabia al botón de apagar.

—¿No te ha gustado? Es una de las historias de amor más impresionantes que jamás se hayan contado —dijo mi madre.

—Pues qué deprimente.

—Menos deprimente que Titanic —bostezó Soph—. Por lo menos, Rhett no murió congelado y luego se hundió en el fondo del océano.

La puerta se abrió de golpe y entró corriendo Dot con Calavera en brazos. Se puso de rodillas, con las orejas del conejo asomándole por encima del hombro.

—¿Se ha acabado ya eso del viento?

—Lo que el viento se llevó —la corrigió mi madre.

—Yo sé por qué se llama así —sonrió Dot con aire satisfecho, y me di cuenta de que se había preparado un chiste.

Mi madre se lo pensó bien.

—Creo que es porque Rhett se marcha al final, como si se lo llevara el viento —dijo muy seria por signos.

Dot negó con la cabeza, sonriendo de oreja a oreja.

—Es porque el hombre hace caca antes de irse.

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Acerca de Andy Doxel

Soy un artista, un escritor incauto, modelo frustrado y libre (en el sentido figurado). He escrito poemas y cuentos, acompañados de dibujos e ilustraciones que entre ilusiones y tristezas han nacido de rayos de luz en forma de letras y pintura. Hablo lo que siento y lo que pienso. Me dedico a escribir y lo haré hasta el día que en mi lecho de muerte no logre escurrir más la tinta de mi pluma. Nací un 25 de febrero de 1993 en el país de la eterna primavera, en la tierra de la “blanca paz” en medio del azul del cielo y lo azul del mar, en la ciudad de Guatemala, por lo que llevo ¼ de vida queriendo conquistar el mundo. Como comprenderá, estoy queriendo de ser yo mismo en un mundo que está constantemente tratando de hacerte alguien diferente. Por lo que es un logro si lo consigo.
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