Las Buenas Intenciones

Soy el repartidor de los escritos que no llenan los requisitos “necesarios” para que la editorial se encargue de publicarlos bajó su sello de firma. En su mayoría, o casi todos, los manuscritos son devueltos sin haber, siquiera, sido abiertos.

A la hora de la entregarlos, había aprendido a ser cuidadoso y no pasar más allá de la puerta para no suscitar falsas esperanzas hacia los escritores; sin embargo, en una ocasión, volví a verme en un aprieto. Tuve que llevar un “retornable” a la recepción de un pequeño hotel. Me atendió una chica de unos veintiuno años –con ojeras de haber dormido poco y mal-, que resultó ser la autora. El hecho de haber puesto aquella dirección en el manuscrito podía revelar dos cosas: 1) el hotel pertenecía a su familia o a ella misma; 2) la chica hacía más horas que un reloj.

Al conocer el motivo de mi visita, en su rostro se dibujó una profunda decepción. Comprendí que había trabajado mucho y con gran ilusión en aquellas doscientas páginas que yo ahora le devolvía como si nada. Así que para consolarla, le dije:
̶No se desanime. Suele pasar con el primer libro.
Entonces abrió, con lágrimas en los ojos, un gran cajón que tenía justo detrás de ella. Contenía ocho o nueve manuscritos diferentes, todos tan gruesos o más que aquél.

Mi corazón se colmó de sufrimiento, por lo que mi reacción fue arrebatarle todos los manuscritos de inmediato.
̶Un cajón no es un lugar para los libros.
La chica dejó de lagrimear y fijó su mirada en mí.
̶Puedes hacer lo que deseas con ellos. Nadie los quiere, ni yo que los he escrito̶ me respondió.
̶Pues eso no es cierto ̶contesté. Los libros son para ser compartidos y no encerrados. Al menos, a mí, me ha gustado mucho lo que escribiste como para que nadie más sepa de él.

Ese día comprendí que todos aquellos manuscritos significaban algo muy especial para sus autores, contenías sus esperanzas, y que una editorial las estaba destrozado. No podía continuar así, por lo que tomé la decisión de fundar el club de las buenas intenciones. Grupo en el que nos reunimos varios amantes de la literatura a leer todos aquellos manuscritos que ingresan a la editorial y son rechazados, para darnos la tarea de rescatarlos y “liberarlos” por diversos lugares de la ciudad, para que así los lectores más calificados los encuentren y les den el reconocimiento que se merecen.

Anuncios

Acerca de Andy Doxel

Soy un artista, un escritor incauto, modelo frustrado y libre (en el sentido figurado). He escrito poemas y cuentos, acompañados de dibujos e ilustraciones que entre ilusiones y tristezas han nacido de rayos de luz en forma de letras y pintura. Hablo lo que siento y lo que pienso. Me dedico a escribir y lo haré hasta el día que en mi lecho de muerte no logre escurrir más la tinta de mi pluma. Nací un 25 de febrero de 1993 en el país de la eterna primavera, en la tierra de la “blanca paz” en medio del azul del cielo y lo azul del mar, en la ciudad de Guatemala, por lo que llevo ¼ de vida queriendo conquistar el mundo. Como comprenderá, estoy queriendo de ser yo mismo en un mundo que está constantemente tratando de hacerte alguien diferente. Por lo que es un logro si lo consigo.
Esta entrada fue publicada en Cuento Corto y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s